miércoles, febrero 6

deBodegas


Esta no ha sido una visita a bodegas como las que estoy acostumbrado, en realidad ha sido un encuentro con bodegueros, con la persona, con el lado humano de un negocio que es a la vez pasión y esfuerzo. Esta vez el protagonista no ha sido solo el vino sino también lo que le rodea y los que hacen posible que salgan al mercado nuevos caldos, los que mantienen la ilusión dentro de un mundo maltrecho por el fraude, desengaño, especulación y las palabras de gurús de puntuaciones.

Y yo iba pensando en cómo hacer una cata de vino diferente. A mi lo que me gusta es la respuesta a pie de calle.
Encerraremos a cien personas (con criterio, o mejor, con criterios) en una nave, les dejaremos probar unas docenas de vino, y ellos mismos, al salir depositarán una tarjeta con la referencia del vino que más les haya gustado en la urna que habrá colocada al efecto en la salida, así sabremos cuál es su vino
.

En fin, esto no es lo importante, hablemos de las personas:

Luís Mari Marañón y tita Pili, de Bodegas Marañón, La Guardia

Nos recibieron en un anexo polivalente a las bodegas que utilizan como comedor o sala de cata para visitantes y amigos. Tenían la cena preparada y nos esperaban. Unos huevos rellenos y embutidos de primera calidad para ir abriendo el apetito. ¡Cómo picaba ese chorizo riojano y qué bueno estaba! Unas anchoas fritas, lo que nosotros llamamos boquerones fritos vaya, esto me remitió a las meriendas de colegio, cuando mamá preparaba carne empanada o tortilla y nos la comíamos ya fría tras pasar un tiempo en la fiambrera (¡qué bueno!). Mientras empezábamos se cocían en el horno unas hermosas lubinas de las que ya no se ven, salvajes, del Cantábrico, con poca grasa y de unos 3k, todo regado con buen aceite y unos ajitos. Tras el suculento pescado llegaron las chuletillas, de cordero de la zona, empanadas y friticas; era un apaño puesto que llovía y no se pudieron hacer a la brasa de sarmientos tal y como lo tenían previsto. De postre un chupito, o dos, de crema de queso.
Para beber tuvimos la ocasión de probar sus dos vinos: Marañón del año y Marañón selección, este último con un ligero paso por barrica de roble americano. En su composición la uva tempranillo representa el 95% que se completa con graciano para el 5% restante.

La bodega es de reciente creación, nace con el nuevo milenio. Su andadura por el mundo del vino ha sido heredada de sus abuelos; Luís Mari es un hombre hecho a si mismo, una vida de trabajo se refleja en su curtido rostro y en sus manos. A diario sale a pasear a las seis y media de la mañana (prescripción médica) y comienza su jornada. Atiende personalmente las necesidades de sus 70 hectáreas de viña. Como agricultor que es, disfruta más en la viña que en la bodega y se lamenta de la juventud de hoy que no se aplica con el esfuerzo necesario, que se queja tanto y no hace bien su faena. Pili es una excelente anfitriona, locuaz y divertida, no se le escapa ni una. Por la mañana él nos llevó de paseo por las viñas, ella nos guió por La Guardia, por las bodegas subterráneas, la iglesia y demás entresijos de tan ilustre villa. Sus más de treinta bodegas hacen justicia a la zona, tierra de vino, no hay duda. ¿Quién quiere agua?

Fernando Remírez de Ganuza, Samaniego

Con una bodega fundada en 1989 y 52 hectáreas de viña aquí se combina tradición y modernidad como nunca antes había visto. La creatividad llevada a la viticultura. No es fácil llevar a la práctica y hacer realidad los deseos de Fernando. Nos dice: “lo más difícil es lograr que todo el proceso se realice en las máximas condiciones de limpieza e higiene posibles“ y yo me pregunto cómo logra transmitir tanta pasión y cariño por lo que hace.

Optimiza el uso de las diferentes dependencias de la bodega y de todos los recursos necesarios para vinificar. Durante el envero o poco antes, entresaca los racimos de cada cepa para regular la producción. Vendimia poco a poco, con diferentes pasadas. Selecciona los racimos uno por uno para que lleguen a los depósitos de fermentación en óptimas condiciones. Para algunos vinos se separa de cada racimo la parte superior (hombro) de la parte baja (punta); los hombros para los reservas y las puntas para los Rpunto. 400 barricas de roble americano 20% y francés 80% nuevas cada año para la maloláctica. Los depósitos troncocónicos invertidos y las bolsas de pvc alimentario para el prensado son una muestra más de la creatividad de Fernando al servicio de la viticultura. Su obra maestra, el Trasnocho, obtenido del corazón de los depósitos exprimiendo los hollejos durante la noche, es inexplicable para mi, no tengo palabras, hay que probarlo, sentirlo y dejar que te transmita todas sus virtudes. Es el mejor testigo de la calidad de una nueva cosecha.
Sus vinos, como el Erre punto de este año, son imperativos como él, taxativos y únicos. Algo más obtuso y complicado me parece el blanco fermentado en barrica, Erre punto blanco blanco, donde viura y malvasía sobreviven atenuados por la presencia de la madera. Si hay alguien que hace las cosas muy bien en La Rioja ese es Fernando y yo lo voy a seguir de cerca, de cerca porque voy a aprender y a disfrutar. Ahora me gusta mucho más ese Erre punto de maceración carbónica.

¿Qué será lo próximo?

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